2.1

Tres horas de cacería stalkeo efectivo seguido de treinta minutos de esgrima con azúcar me dejan un triunfo amargo en las encías.
Logro que la jauría retroceda, que dejen de sangrarnos.
Al salir, el exorsionador expectante. Paso de largo, con saludo de vaquero y media sonrisa.
Mientras luchaba vi al burócrata seudo-persona directo a sus ojos aceituna, sobre ellos cae un velo amarillento, espuma sucia, no es bruma clara como la de las mañanas aquí. Es sucia, vidrio rayado con un cachito de bujía.
Desde un lugar opaco me habla de las 500 personas a su cargo, de no poder detener la extorsión, de no tener paramédicos a pesar de que tiene 30 mil visitantes diarios, 80 mil en vacaciones.
Me dice que esto viene peor y la espuma espesa.
Quizás la espuma amarillenta sea la única manera de tolerar verse empañado cuando se cruza con los espejos.

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