Árabes, domadores del espacio

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En el viaje he pasado por los vestigios de la cultura árabe en este país. Cada vez sin falta me asoleo en el calor pegajoso y también, sin falta, sus estructuras de hace seis, siete siglos me siguen asombrando.
Su arquitectura armoniosa, geométrica, fractal, repetitiva.
Equilibrada.
Sus espacios mezclan el afuera y adentro, sus paredes permiten entrar al viento, más no a la mirada y sus terrazas son oasis para guerreros cansados.
Su maestría nómada, práctica, ordenada los hace a mis sentidos los grandes domadores del desierto, una civilización de detalles, ritos y comunión entre los elementos, entre ellos el agua, siempre el agua.

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