Auckland Bare

Voy a yoga temprano. La estética común en todas partes. Las paredes blancas, el piso de madera, la diminuta instructora bronceada y con arete en la nariz. Acaba de llegar de Oaxaca.

Su voz es suave y nos da una clase que empieza casi meditando y se torna intensa muy pronto.

Al salir me subo al carro con la esposa de Matt. Una mujer de origen irlandés y piernas de roble, que fuma y putea y se ríe todo el tiempo.

En un parpadeo entiendo que en lugar de ir a casa me lleva a la ciudad, tiene pendientes y se ofrece a dejarme en el museo.

Para la yoga me fui en leggings y una camiseta blanca que uso para dormir, un brassier de los viejos. Cero maquillaje.

Vamos a medio camino y volver no sería práctico, así que me resigno a conocer una ciudad en lo que yo calificó como “peor que en pijamas”. Me siento encuerada, expuesta, sin adornos, fea. Cada que paso un espejo le dirijo un pensamiento de enojo a mi vientre, a mis caderas redondas enfatizadas por los leggings que no perdonan. Sumo la panza y me odio un poquito.

Al cabo de un par de horas la sensación disminuye. Para mí suerte Auckland es habitado por gente toda vestida en “peor que pijamas”, los leggings y las chanclas con calcetín parecen norma y yo no me noto entre las multitudes. Si esto hubiera pasado en París me muero. Pero aquí no pasa nada y el día se vuelve un ejercicio de despojarme de la idea de lo que es necesario. Muy poco es necesario.

Así logro recorrer las exposiciones en el museo de Auckland, incluyendo una de fotografía de naturaleza,  luego voy a caminar por el parque que lo rodea y llego a la galería de la ciudad, con una colección de retratos Maoris y una exposición interactiva de Yukosama donde paso horas pegando stickers de bolitas de colores en una lámpara. Su trabajo me gusta y trato de omitir qué parte de su éxito es ser “instagrameable”. El arte pensado para tomarse selfies tiene algo de perverso.

Bajo a recorrer la calle Victoria con sus tiendas Gucci y sus indigentes de lujo, paso una cátedral desangelada, intrascendente y llego al puerto que solía ser industrial y ahora es de uso mixto con vivienda, bares, parques. Paso el rato viendo, solo veo felicidad y siento el viento.

Tomo un bus de regreso y pasó toda la ciudad hasta la base de un cerro dónde veo a Matt y subimos a la casa a cenar con un barbecue en la terraza. Moría de hambre.

El día fue glorioso, aleccionador.

One thought on “Auckland Bare

  1. ¡Chin Mariana! Te quize escribir un email para ver si nos juntamos en Tijuana por año nuevo, pero no pude encontrar tu correo. Raro porque según yo te he mandado correos. Entonces me metí aquí para ver si me puedo comunicar así y veo que estás al otro lado del mundo. Entonces me perdí un ratillo leyendo sobre tus aventuras recientes. Me encanta como escribes. Me la paso googleando definiciones de palabras que no conozco, pero termino más inteligente. Aunque no me toque verte ésta vez, me da gusto saber que andas rodando por este mundo.

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