Casa de la Cultura Obrera

Jaime Cota y Carmen Valadez se arrebatan las palabras y se terminan las frases el uno al otro. Con tazas de café zapatista en las manos van hilvanando la historia de más de veinte años de lucha en el tema de los derechos laborales de los trabajadores de la maquila en Tijuana.

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Su pasión por la justicia ha tenido varios nombres pero siempre el mismo fin. La mayoría de su trayectoria como luchadores sociales la han realizado con el Centro de Información para Trabajadoras y Trabajadores CITTAC creado en 1991, desde donde germinó el colectivo feminista en defensa de las mujeres Factor X vital para documentar los múltiples abusos en que incurren las empresas transnacionales en contra de sus empleados, la mayoría mujeres pobres, madres solas.

Fue con sus asesoría que se organizó la huelga de Baja Cal en 1993 tras la documentación de abortos espontáneos por manejo irregular de químicos peligrosos dentro de la fábrica y hoy tienen 18 expedientes abiertos donde asesoran a los empleados cuyas empresas han cometido abusos que van desde acoso sexual, despido injustificado, no indemnización, acoso, intimidación y otros.

“Los casos (de irregularidades contra empleados) que ganamos ayudan a sostener la casa, porque les pedimos un máximo de 10% de lo ganado a los trabajadores, que lo dan con gusto, quieren dar más pero no los dejamos” cuenta Jaime.

Jaime ve complicado el panorama de los derechos humanos, que se ha ido oscureciendo por la falta de apoyo institucional a un tema “pasado de moda” y la creciente complicidad de las empresas con el gobierno, sobre todo en las juntas de conciliación y arbitraje, cada vez menos dispuestas a proteger los derechos de los empleados.

“En estos 20 años del Tratado de Libre Comercio, se ha deshumanizado aún más a la maquila, con la producción acelerada y una sofisticación en la manera en que se violan los derechos humanos de los trabajadores” explica, “donde antes había amenazas o secuestro dentro de la fábrica para obligarlos a renunciar, ahora hay una seducción, los llaman ‘colaboradores’, ‘socios’ pero les quitan más y más libertades, hay un convencimiento de que es mejor para ellos que renuncien a su trabajo y a sus derechos”.

Desde hace cinco años CITTAC opera una Casa de la Cultura Obrera en la zona de la 5 y 10 en Tijuana. Luego de habitar otro espacio, la propuesta se cambió hace 18 meses a una casa antigua, de madera, decorada con dibujos de niños e insignias zapatistas, donde los letreros invitan a la gente a participar en las clases, talleres y grupos.

Es en esta zona nodular para el transporte público en Tijuana donde convergen a diario miles de trabajadores en su camino a las fábricas y es aquí donde ofrecen asesoría legal, terapia psicológica, clases de yoga y cocina vegetariana.

Tiene reuniones mensuales de trabajadores de distintas fábricas y ofrece asesoría a quienes sufren acoso sexual en el trabajo, así como un curso de dos años de duración dividido en módulos de tres meses, especializado en organización comunitaria y derechos laborales.

“La casa es como un pretexto” ríe Carmen, “una manera de acercarnos a la gente y conocer qué está pasando, ofrecer lo que podemos y que siga habiendo un punto de reunión. Aquí nos han llegado personas con volantes que dimos hace dos, tres años, pero que guardaron por si lo necesitaban y sí, se unen a la lucha cuando se lastiman, cuando un compañero pierde un ojo o las despiden por estar ‘muy viejas’”.

Con el acceso a las maquilas cada vez más restringido y una nueva legislación que impide llevar casos laborales sin ser abogado, la casa y sus asesores legales se ha vuelto fundamental para seguir en contacto con los empleados y crear redes entre aquellos que tienen distintos centros de trabajo.

Para seguir vigentes y vigilando, Carmen y Jaime han dado clases de seguridad laboral, de alfabetización dentro de las fábricas, han vendido tortas afuera de los espacios de trabajo y volanteo en las madrugadas al terminar los turnos nocturnos de ensamblaje. Lo que sea necesario para tener el pulso de la clase trabajadora en Tijuana.

La reflexión de estos veteranos de la lucha social es en torno al hecho de que las maquiladoras, lejos de traer progreso a las personas han caído en un proceso de esclavización que ponen en el centro de la vida la producción y no la persona.

“Antes hablábamos de la maquila donde se daban esos abusos pero se ha generalizado” cuenta Carmen, “ahora se ha normalizado el hacer pruebas de embarazo al contratar mujeres en todos los trabajos, lo cual es ilegal pero se hace con la aprobación de las autoridades que nunca sancionan, que incluso preguntan por la renuncia firmada, que es una práctica ilegal”.

“Se ha normalizado la práctica de controlar cuándo y cómo van al baño los empleados en horas laborales lo que resulta en enfermedades de los riñones por estarse aguantando, se castiga por llegar un minuto tarde, se les somete a revisión de sus pertenencias, de su persona cada vez que entran o salen del trabajo y esto no es en maquila, sucede ya en cada vez más lugares como escuelas, call centers, universidades, se acotan las libertades por todos lados” agrega Carmen.

A pesar del panorama que acota su ámbito de acción, ambos están dispuestos a continuar y transformar su lucha. Sin desdeñar el papel de la tecnología o las redes sociales, le apuestan a un trabajo comunitario de base y a otra forma de organización novedosa.

“Para nosotros es obvio que el sindicato es una figura que no funcionó, ya no existe en oposición al poder y lo que queda son sindicatos charros, blancos, fantasmas, que ya no tienen ningún valor” dice Jaime, “habrá que encontrar otras maneras de oposición de manera creativa, que aunque se apoyen en el Facebook y en todo eso, deben de tener un trabajo de calle serio, honesto, ¿por qué se diluyó el movimiento132 y no el zapatismo? por esa diferencia…”

El 20 de noviembre próximo, aniversario de la revolución, es también aniversario de la casa.

Aunque se generan ingresos y hay donadores que pagan los servicios, los gastos se acumulan y los apoyos institucionales escasean.

Serenos y sonrientes – veteranos de muchas tormentas de estas- Carmen y Jaime se aferran a sus tazas de café como se aferran el trabajo que le da sentido a sus vidas y saben que el 20 de noviembre habrá fiesta en esa casa obrera que se sostiene como los que apoya: de milagro.

La Casa de Cultura Obrera está ubicada en la calle Bacatete 3 (casi esquina con Hermosillo) en la colonia Sonora, en Tijuana BC. Tel  (664)1042769    Facebook: Casa de Cultura Obrera

 

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