delhi

Luego de 26 horas en tránsito y una noche arrullada por el ventilador, amanece en delhi.

Estoy en Eleven, un hotel de apenas cinco habitaciones que atiende su dueño, que también vive aquí. Había olvidado que aquí manejan al revés y hay vacas por todos lados. Olvidé el despertar de madrugada porque aquí, a 12 horas y media de diferencia, el cuerpo es distinto. Me pregunto si será el jetlag lo que contribuye a esta sensación de alucine, de hiperalerta que me recorre el cuerpo, que hace que el trinar de los pájaros sea agudo y abundante sobre mi cabeza. Aún en cama.

 

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