En bicicleta sin ver (caer)

Montar una bicicleta a ciegas suena imposible, pero ese fue la experiencia de 45 personas en el primer paseo ciclista a ciegas  en Tijuana y lo mejor de todo, es que lo quieren seguir haciendo.

Maria Solorio, madre de Jesus Báez, quien tiene 12 años, es ciego y tiene autismo dice que ella estaba mucho más nerviosa que su hijo.

A pesar de que en una curva bajo los pies de los pedales y se raspo,  Jesús no puede borrar la sonrisa de su rostro, describe la experiencia de manera pausada. La bicicleta se movía y yo tocaba los pedales. Asiente con la cabeza cuando lepregunto si lo volverá a hacer.

La preparación para este día fue de casi tres meses, cuando por la iniciativa del trabajador social Juan Carlos León, se convocó a grupos ciclistas de la ciudad y a organismos que trabajan con personas con discapacidad, no solo ciegos, sino también sordos, personas con autismo o con alguna discapacidad motora.

“Este tipo de paseos ya se hacen cada mes en Ciudad de México, Guadalajara, Ensenada, desde hace dos años, porque aquí no?” diceLeón, “tenemos una comunidad ciclista generosa y logramos reunir 30 bicicletas dobles o tande, así como bici taxis adaptados para personas con equilibrio limitado y varios remolques para pasear a niños pequeños”.

Los entrenamientos, tanto para voluntarios como para usuarios fueron cada miércoles por los últimos dos meses. Parte del trabajo que fue los propios ciclistas voluntarios experimentaron en carne propia lo que es andar en una bicicleta sin ver. Con los ojos vendados.

“Todos los sentidos se exacerban” cuenta Irlanda Muñoz, una de las voluntarias que acudió al paseo con su esposo e hija adolescente, “escuchas todo, sientes que los claxons y los frenones estan muy cerca, las curvas se sienten mucho y eso te da una idea para que cuando tu lleves a alguien en la bici le digas claramente que esta pasando y le avises cuando haya una curva, para que no se asuste y pueda disfrutar el paseo”.

En el evento, los ciclistas ofrecieron la experiencia y algunos valientes,–yo incluída–, experimentamos lo que es andar en bicicleta con un paliacate amarrado a los ojos.

Como a Irlanda, a mi también me invadió una sensación de vulnerabilidad absoluta y de alerta, se exacerba el olfato, el oído, el tacto, se siente el sol, el viento y hay un trabajo con la confianza en el otro, con soltar y fluir.

Primero apreté los puños enlos manubrios hasta que me dolieron las manos y sentí nudos en el cuello. Entonces, decidí soltar las manos y apenas apoyar las palmas, con los dedos deliberadamente al aire.

Los entrenamientos ayudaron a hacer parejas de personas con discapacidad y ciclistas, tomando en cuenta su edad, peso y afinidad personal, para que en un futuro sean constantemente compañeros de aventura en bicicleta.

La psicóloga Natalia Ramos, de 39 años de edad trabaja en el Centro de Rehabilitacion Integral (CRI), tiene una discapacidad motora y también puedo experimentar al subirse a una bicicleta que le permite pedalear. Masalláa de su experiencia personal, Ramos aplaude este tipo de iniciativas para promover la inclusión a todos los niveles.

“A quienes tenemos una discapacidad nos beneficia porque es un hobby, un deporte, porque es divertido, pero más allá de eso, nos beneficia como sociedad por que expone a gente sin discapacidad a gente que es diferente, aprenden a convivir con nosotros, a tratarnos con cuidado y respeto, sin condescendencia, y así podemos irnos integrando y combatir el aislamiento que es muy común entre nuestra comunidad”.

Eso es precisamente lo que experimento Liliana Santos de 55 años de edad, diabética, ciega de nacimiento, que cuenta que era una adolescente la última vez que se subió a una bici.

“Siempre me ha gustado moverme, de niña tuve triciclos y bicicletas y para mi fue recordar mucho mi infancia, aunque me quede sin aliento, fue sentirme muy viva, llena de energías y de adrenalina, estoy muy muy emocionada”

Para este primer experimento se reunieron 90 voluntarios, 30 bicicletas Tandem y otra docena  de bicicletas de apoyo para un recorrido de aproximadamente 2 kilómetros alrededor de las instalaciones del DIF en la tercera etapa del Río Tijuana. Participaron 45 personas con discapacidad, pero el plan es crecer y hacerlo una actividad periódica.

“La idea es que una asociación de ciclistas adopte el proyecto y que sea independiente del DIF, que se haga por lo menos cada tres meses y que se varíen las rutas” cuenta León, y a juzgar por el entusiasmo de los participantes, pronto se podrá lograr.

[Una versión de este texto fue publicada originalmente en Enlace, la publicación semanal en español del San Diego Union Tribune.]

 

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