Glow worms experiencia que no se ve

Llegamos al pueblo a las faldas del glaciar de Franz Joseph, un viejo pueblo minero fundado en la fiebre del oro en la que se dice que cada hombre valiente lograba sacar un puñado de oro cada día.

Había 30 cantinas en el pueblo y todas recibían oro a cambio de cerveza. 

No tardaron en encontrar unas aguas termales sulfurosas que tienen una arcilla medicinal en el fondo. La arcilla es negra, pegajosa y deja la piel increíble.

Hoy el viejo pueblo es un lugar de descanso que en invierno es socorrido para esquiar. 

En esta temporada, cuando oscurece -diez de la noche- un señor ofrece llevar a los visitantes a conocer los glow worms, un tipo de insecto que vive seis meses, algunos de los cuales desarrolla la habilidad de brillar en la oscuridad para atraer alimento ( otros insectos).

Esta noche nos reunimos unas 25 personas, muchos alemanes. El hombre sale del punto de reunión y nos presenta a Sally, una oveja blanca que quedó huérfana a los cuatro meses de nacida, él la adoptó y ahora es como un perro manso que gusta de acompañar sus caminatas nocturnas por el bosque.

Seguimos al hombre, mientras Sally nos apura el paso y nos alegra dejando que toquemos su lomo de lana. Acariciarla me pone contenta.

Es luna llena y su luz es suficiente para poder caminar por un camino de tierra flanqueado de pinos y elechos y vegetación como de libro del jurásico.hay plantas creciendo arriba de las plantas. Enredaderas en cada tronco, hojas en cada rincón, líquenes, hummus, todos dejando un olor a vida latiendo. Al aluzar el bosque está cubierto de arañas pequeñxs y verde claro.

Cuando las pupilas se acostumbran y los latidos ceden se ven claramente luces azules en las hojas. Algunas sutiles, otras tintineates y otras, las más, rodeadas de hojas como pantalla, brillan fuerte dando una luz azul que se alarga.

Es una belleza que devora los sentidos, una orquesta perfecta de la vida en la que los insectos de luz azul se organizan en hilos, racimos, constelaciones del techo verde que los sostiene.

Oímos un pájaro kiwi a la distancia y de pronto el mundo es perfecto, contenido, el espíritu del planeta tierra demasiado grande e incomprensible.

Ahí el olor a vida, las luces, la luna, el kiwi que se esconde y se sostiene. 

Ahí, no hay foto, ni video, ni descripción que le haga justicia.

Ahí mi primer noche del año.

-Mariana, can you believe you spend your first night of the year on an enchanted Forest?

Por poco no…

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