Juliancito Assange

Adriana Reyes y Diana Cano lograron con una trampa atrapar al gato negro. Lo llevo al veterinario como quien lleva a un gremlin enjaulado y peligroso, haciendo ruidos endemoniados y sacando las uñas por las ventilas del pet-taxi. Se sangra la nariz tratando de escapar.
Ahora está en una jaula prestada por Ruba Velaa, en un un régimen de fancy-feast con Amoxicilina por al menos los próximos 4 días.
Nos odia, nos gruñe e intenta rasguñar cuando estamos a su alcance. 
Dice Fio Zenjim Art que el encierro y que saber que nosotras le damos de comer, pronto le dará un síndrome de Estocolmo a nuestro favor.
Es, por mucho, el visitante más malagradecido, grosero, incómodo, en la historia de esta granja.
Por ahora le llamamos Juliancito, Juliancito Assange.

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