Kew Gardens

Hora y media en metro es un montón, pero llegar a un pueblito a las faldas de estos jardines hace fácil olvidar el camino. 

Llego a Kew Gardens por la Victoria Gate y me reciben flores de todas las variedades pensadas con mentes de pincel para combinar el naranja vivo con el lila perriwinkle y el verde camniante de casi amarillo a casi gris.  Los invernaderos son un alucine tropical que trae el calor húmedo a Londres, trae hasta las ganas de un ceviche. 

Hay un invernadero que parece un lomo de animal y dentro tiene dos “velas” deplegables para controlar el nivel se sol. Es sin duda un desborde de forma y funcionalidad. 

Encuentro hongos, árboles caídos, viejos árboles japoneses que traían en sus expediciones de conquista. 

La naturaleza manicurada para que no parezca me hace latir las pupilas y la piel. 

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