La rebelión de las fresas [segunda de cuatro partes]

El brote

Esta rica zona agrícola tiene 250 mil hectáreas sembradas, en su mayoría de fresa y tomate, pero también chícharo, cebolla y pimientos. Según datos del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), en 2013 tan sólo la filial de Driscolls, Berrymex, movió 123 mil 586 toneladas de fresa, que se traducen a un 5 a 10% de la producción mundial de la marca, que incluye 23 países.

Hay unos 70 ranchos, 70% de ellos agrupados en 24 empresas que son representadas bajo el Comité de Agricultores del Valle, incluyendo  los dos mayores empleadores, Los Pinos,  con 60 años de historia en el cultivo de tomates y BerryMex, que cultiva fresa y acaba de expandirse para incluir arándano y frambuesa cultivado en invernadero. Produce 10 meses del año y exporta para abastecer principalmente a California.

Desde octubre del año pasado -a un par de meses de iniciar la temporada fuerte de fresas- empezaron a circular los volantes en las colonias y a convocar por megáfonos a juntas organizadas en los comités de vecinos organizados en  las colonias de todo el Valle.

Los líderes del movimiento jornalero pidieron una mesa de diálogo con el gobierno estatal al margen de los sindicatos, a los cuales desconocen en su pliego petitorio.

No hubo con quién dialogar por casi cuatro meses, hasta que el 17 de marzo del 2015, ya por acabarse la temporada, los jornaleros tomaron la carretera transpeninsular; arteria por la que fluye toda la producción agrícola de la península.

El primer intento de diálogo después de la toma carretera terminó en un enfrentamiento con autoridades, con saqueos a comercios, pedradas, un centenar de detenidos y varios heridos, incluyendo un jornalero que por una bala de goma por poco pierde la mano.

“El gobierno llama mesa de diálogo al día que nos recibieron a balazos” dice Fidel Sánchez, uno de los cuatro líderes visibles del movimiento jornalero, que resulta inusual en una zona donde no había habido una huelga de esta magnitud en los últimos 25 años.

Tres días después de la toma carretera el gobernador del estado Francisco Vega declara que en el conflicto jornalero vienen camiones de otros estados llenos de agitadores y que detrás de los jornaleros están el partido de izquierda Morena y grupos desestabilizadores, incluso del extranjero.

“Sabemos quiénes son, que nunca han trabajado en el campo, quiénes son las personas que están dirigiendo el movimiento. Uno de ellos trabajaba lo recuerdo, trabajaba en ABC de regador, Fidel, el de sombrero y era muy bueno. Después le dio por andar en movimientos políticos traía la ley del trabajo bajo el brazo y quemaron el empaque de ABC y fue él. Ahí el problema fue financiero, no le pagaban, él traía el movimiento y quemaron el empaque y las oficinas”, dice Fernando Rodríguez presidente y uno de los  dueños de los Pinos.

Emelia como el resto de los huelguistas tiene miedo de perderlo todo, la huelga es su última opción de dialogar con los patrones, porque si se alarga, ella y su familia no tendrán que comer.

“Mi niña ya va para once y no se ha salido de la escuela, pero si seguimos así yo no voy a poder ayudarla porque con esos sueldos no hay para ahorrar, para una emergencia, para un refrigerador”, dice Emilia viendo su cocina, que en efecto no tiene refrigerador.

A su lado Citlalli, larga y de ojos grandes, dice que no quiere trabajar en el campo como su madre y su abuela. ¿Qué quieres ser? le pregunto, “abogada”, dice campante, “para defender los derechos de los trabajadores”.

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