La rebelión de las fresas [última de cuatro partes]

¿Rindiendo frutos o atrayendo plaga?

Las demandas del movimiento incluyen separarse de los dos sindicatos con los que actualmente se tiene contrato colectivo; afiliación masiva al Seguro Social; el castigo a quienes acosen sexualmente a las jornaleras; pago de horas extras, día de descanso y festivos laborados; el incremento del pago hasta 300 pesos diarios (unos 20 dólares) y el incremento del precio por producto, ya sea en caja, jarra o cubeta para incrementar el pago por destajo.

La última oferta del abogado del Comité, Alberto Muñoz, fue del 15% y se retiró de la mesa de diálogo.

En respuesta, unos 600 jornaleros viajaron por todos los municipios del estado hasta llegar a Mexicali, donde dijeron rechazar el aumento y continuar con las demandas, incluyendo documentar violaciones a los Derechos Humanos.

Entre ellos Emilia, que besa a sus tres hijos que quedan al cuidado del padre y la abuela, antes de subirse al camión que la llevará a Mexicali.

Estudillo explica que el salario que refieren los trabajadores de $130 pesos al día (unos 9 dólares) es ficticio, ya que la gran mayoría de los trabajadores trabaja a destajo y se le paga por volumen.

Berrymex es el mayor empleador de la zona, con hasta cuatro mil personas en temporada de pizca. Junto con Los Pinos, es de las más mencionadas entre los jornaleros en paro por despidos injustificados, malos tratos, mala paga y amenazas para no participar en la huelga.

Mientras los huelguistas rechazan la oferta del 15% de aumento del Comité Agrícola, Berrymex toma otra vía para lidiar con los huelguistas y el primero de abril anuncia un incremento del 20% a sus salarios.

Desde Los Ángeles, las organizaciones de trabajadores anuncian una caravana a San Quintín para finales de abril y la FIOB dice en los medios que no descarta un posible boicot contra Driscolls.

Fernando Luján, presidente de Berrymex niega las acusaciones de maltrato, agrega que por ahora sus trabajadores han vuelto a sus puestos y se está minimizando la pérdida de 15 días de trabajo.

“El promedio ganando dos mil pesos a la semana, un trabajador y los más fuertes estaban en cuatro mil pesos, los súper estrellas, el promedio general van a terminar en 2500 hasta tres mil. Hemos metido invertir junto con el trabajador para crear eficiencias por incrementar sus ingresos”, explica Luján.

Al oír la noticia, aún en el campamento de Mexicali, Emilia titubea, no lo cree, pero quiere creer el aumento, quiere creer que podrá volver al trabajo sin represalias, pero aún no lo sabe, los años de desprecio y maltrato no la dejan creer.

Para Velasco  -la académica- este movimiento además de pedir derechos laborales es una pugna por identidad y reconocimiento de los jornaleros.

“(además de condiciones laborales) se dirime quiénes son y quiénes no son sanquintenses o sanquintinenses. Hay un continuo estado de lucha de identidad y éste es un proceso de arraigo sumamente disputado, que está cruzado por un conflicto de clase, pero también una base de raza muy fuerte, donde los propios indígenas son calificados siempre como migrantes, de fuera, y en términos culturales, hay una especie de racismo muy muy fuerte”, agrega.

Cuando le pregunto a Rodríguez qué lecciones toma de la huelga, aborda el aprecio.

“El tema es cómo podemos tocar más a nuestra gente en el sentido de que ellos sepan la importancia que tienen para nosotros, cómo nos hacemos más fuertes en el sentido de que nuestra gente sepa todos los derechos que tiene y otro de nuestros lemas es liberar el potencial de nuestra gente, ser más incluyentes… que nuestra gente sea más productiva que gane dos veces más, que gane cinco mil pesos a la semana, doblemente eficiente, yo ya tengo un ahorro, pago un impuesto menos”, dice Rodríguez.

Aún incrédula, harta de tanto pan y comida extraña, Emilia extrañando a sus niños busca la manera de volver a su casa. Elige ir a comprobar si es verdad lo que Berrymex ha dicho a los medios.

“Si nos dicen que somos unos indios patarajadas, pero gracias a estos indios patarajadas ellos tienen el poder de tener la riqueza disfrutar un carro del año, de disfrutar una mejor comida y nosotros no. Gracias a nosotros están donde están y está bien que lo sepan”, dice Emilia a punto de volver a su hogar.

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