París sauvage

11:30am Luego de un viaje en metro con exactitud milímetrica llego a la estación St. Pancras. Emigración es un sueño sin fila y la espera es sencilla y callada.

12:30 mediodía. Subo al tren. Encuentro el enchufe,el wifi, mi asiento en la ventana. Avisan que el tren se atrasará 15″, 30″ una hora. No tengo compañero de a un lado así que para variar me duermo, leo, oigo música. Deamulo por los carros y decido que 7€ por un sándwich tipo Bimbo es un robo a mano armada. Como semillitas de calabaza.

4:00pm Llego a Gaud do Nord, Al primer piso. Mi citimapper no sirve y el internet no jala. Voy al kiosko de turismo dónde un inglés drogado me corta el paso para pedir direcciones. El francés que atiende lo ve con el asco que suele reservarse al ver gusanos. Se niega a contestar sus preguntas. A mí me recibe con sonrisas y me explica dónde comprar una MetroCard de una semana.

4:15pm El piso inferior de Gaud do Nord huele a pipí y hay gente tirada en los pasillos. Me formó en una fila larga y pido mi MetroCard en un intento de francés que la cajera agradece. Me dice que necesita una copia de mi pasaporte o una foto de carnet del “photomaton”. 

4:20pm El “photomaton” me recuerda a Amelie y sonrío. Meto 2€ a la máquina y sale una foto media carta.

Me formo La dependienta se ríe y me dice que pequeñas. Vuelta al photomaton que no recibe billetes de 10€.Pido cambio entre la gente pero no me cambian.

Me formo. La dependienta me da cambio. Vuelta al photomaton donde por 5€ me imprime 16 fotos. No sin antes rechazar cuatro intentos porque hay que salir con el cabello suelto. Mirar de frente, apretar la boca, pegar la nariz. Empiezo a odiar poquito al photomaton.

Tengo más fotos de hoy que de mis XV años.

4:40pm Ya tengo MetroCard y un mapa para la semana. Lo que no tengo es datos ni citimapper. Saco una pluma y me voy a otro kiosko de turismo. La mujer sonriente me marca como llegar a donde me hospedó. No son muchas estaciones, pero son tres cambios de tren. Esto tendrá que ser a la antigüita.

5pm Llueve afuera y el metro está que revienta. Primer tren todo bien porque aquí ponen la dirección del tren en función de su última parada. No como en Londres que creen que uno es Marco Polo con brújula integrada y esperan que sepas dónde mierdas queda el Noroeste.

6pm Resulta que la línea 3, color azul cielo se divide. Hay línea 3 y línea 3bis. Qué literarios. Me doy cuenta pronto y regreso dos paradas. Llevo 20 kilos en la mochila grande, 3 quizás en la del día y entre la humedad y el ajetreo de caminar empiezan mis pulmones a la huelga. Bocanadas de calma. Bocanadas. En la estación correcta compro una Orangina.

6:30pm Tren correcto. Parada correcta. Seis pisos de escaleras que tengo que subir con pausas. Me agito. Me duele el pecho. Sudo mientras la gente va entrando empapada. Pienso en mis pulmones recibiendo ese frío, empapada en sudor. Salgo. Por un milagro tengo wifi y le escribo a R. Tomo una foto de donde estoy y me dice que a la izquierda. Unos  y mil metros. Llueven cascadas. Me pongo el impermeable. Se me empañan los lentes, no veo con ellos ni sin ellos. Cruzo la calle y veo el número en piedra.

Clave del portón, clave del segundo portón. Tres pisos de escaleras de 40cm de ancho. No cabe ni mi pie, como pirámide. Quisiera llorar pero ya es demasiado tarde.

A comparación de Londres este aterrizaje a París a estado muy, pero muy salvaje.

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