París/Argelia

La primera vez que vine hace 12 años también me quedé por Port du Lilla, ahora estoy a una parada de metro, en Belleville que es una zona chic, bonita, limpia, llena de cafés y floristas. 

Mi guía en esa primera vez era una fotógrafa llamada Letice que había estado en Tijuana en un proyecto sobre muros.

Ella crecio en Lilla. En ese entonces un barrio duro, argelino, marroquí, migrante, oscuro, denso, volátil y con esos aires de ilícito que hacen apurar el paso y mirar al rededor. Esa fue mi llegada a París.

Letice llegó aquí de niña, hija de un policía. En esos años le dió a la alcaldía por dar facilidades para que los policías pudieran comprar departamento en el barrio que vigilaban. Al menos para Letice eso significó una infancia de humillación, donde llegando a la escuela era su rutina ir al baño a lavarse la cara. En el camino, los compañeros de otros países le escupían en la cara, demostrando así su desprecio a la policía y a toda su familia.

Recuerdo esa historia, la recuerdo siempre como escena de Le Haine, del idioma, de laexclusión violenta.

Ahora, ahora es otra cosa. Para empezar ya no hay una zona de migrantes árabes en París, todo París tiene comunidades musulmanes y árabes en sus cafés, calles, parques, trayectos y sonidos. Los migrantes de entonces ahora son dueños de mercados, tiendas de abarrotes o de chunches chinas.

Los policías sin duda siguen siendo repudiados. Es una policía brutal, y soy de México.

Volví también a Lilla, que sigue siendo duro. Ahora con africanos de otras dependencias que no alcanzo a distinguir.

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