Sintra

Un breve viaje del tren me lleva a Sintra, un pueblo universitario que está a las faldas de una zona montañosa donde solían vivir los reyes Portugueses.primero hay un jardín de esculturas, luego la casa blanca de dos chimneas. A sus al rededores se ponen vendedores de joyas, de mosaicos, de bolsas de corcho. 

Las subidas son empinadas y hacen crujir los tobillos. Compro un pan con jamón y llevo aceitunas.

Empiezo el ascenso a la montaña que aunque dice que es poco más de dos kilómetros y medio tiene una inclinación que me obliga a parar cada 200 metros. Lo bueno es que los portugueses saben de jardines y saben ocultar su mano como bordadores finos que ocultan el hilo del bordado.


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