Teotihuacán 10 de enero 2018

Salgo del túnel y descanso en una silla. Aparece un gay frondoso con sombrero mexicano que vive exiliado en un pueblito cerca de Bilbao.
Huele a aceite de coco y es muy amable. Pide entrar, cotorrea al arqueólogo, que lo deja asomarse. El gay frondoso cuenta que le encantan las pirámides, que al vivir lejos “sientes más tuyo lo tuyo”.  Entró a la pirámide del sol y le contaron que ahí truenan las luces por tanta energía. El arqueólogo dice que enseña a levitar y que enseña a la gente a ver su propia aura. No hay un ápice de burla en su voz.Lo dice en serio. Los arqueólogos le cuentan al frondoso de mi paniqueo y me regaña.

– Reina aprovecha el privilegio y haz ritual, anda, que eso no le pasa a cualquiera. Linda. Disfruta disfruta, disfruta. Me soba las manos con las suyas y ahora huelo a coco. Cae la tarde y me arrulla el ruido del agua con la que lavan en las piedras recién descubiertas. Suena a río.

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