Teotihuacán

Hoy volví al vientre del mundo, estaba más despejado [él túnel y yo, más despejados]. Un inglés me confiesa que, ante el miedo, se concentra en la imagen y logra olvidarlo. Yo me agarro mejor de las palabras del arqueólogo, que voy hilvanando al inglés hasta hacerlas un tejido firme. Cordón a casa. [toca la piedra arriba de ti, los dedos en los orificios, deja que su humedad 93 por ciento serene tu corazón] Me mareo y la tierra me llama. Me acuclillo mientras deja de dar vueltas. Me tomo de alguien más firme. – El túnel rechaza a las mujeres, hay arqueólogas que me piden no trabajar aquí… ¿Y entonces por qué había tres esculturas de mujeres viendo el centro del mundo y un solo hombre muy pequeño? Bueno sí, era un matriarcado… pero en el inframundo se hacía el cambio de poder y esas esculturas fueron el cambio, del matriarcado al reino macho de hoy [Mal cambio, el reino macho de hoy].

Hay vasijas, cerámica, hilos de cuerda, caracoles labrados con cuentos.
Huesos de jaguar, puma, oso: Sólo sus cráneos, cortados a manera de máscara. Las ofrendas las traían de muchos lados, ámbar, jade y el mercurio de las minas de los Mayas. Aquí se encontraron el mayor número de semillas de mesoamérica, quince mil semillas que se han recuperado: frutas, cactáceas, maguey, nopal, maíz y hasta pétalos de flor de calabaza. Sin pensarlo han germinado plantas que no saben que son. 18 metros bajo tierra y la vida brota [útero fértil, lleno de semillas, óvulos de vida, de resurrección]. Pienso en el mareo, un mareo que me dobla, me doblega, me ride. Al salir traigo el cuerpo tintineante, metálico, cubierto de espinitas [las mismas espinas del asma, del pánico, de las mejores drogas, la adrenalina]. Muero de hambre, al salir, devoro un mixiote de carnero y nopales.

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