Violencia obstétrica: sistemática e invisible

“Había mujeres en las camillas de los lados gritando, pues porque estaban teniendo contracciones y las enfermeras les decían ‘ah, pero bien que no gritabas cuando te la estaban… ¿o si gritabas, mamita?’ Y luego les pegaban así en el bracito y ellas se ponían como locas, de rabia, de impotencia”, aAsí narra su experiencia de parto Mónica Covarrubias, maestra de inglés y madre de tres hijos que nacieron todos en un hospital del Seguro Social.

Cuenta como la dejaron parada con otras seis parturientas, en fila, descalzas y con el piso helado de enero.

“Cuando por fin hubo camillas, nos pasaron a unas camas donde había una sábana para taparse, y como yo tenía preeclampsia, estaba yo temblando, y pasó un enfermero o doctor … y me dice ‘señora, ¿tiene mucho frío?’, Y le dije ‘sí, tengo mucho frío’, ‘pues cuente hasta diez, a ver si se le quita’, y se dio la media vuelta y se fue” recuerda Covarrubias, “no pues me solté llorando, ¿A dónde vine a parar? ¿Qué es esto?”.

Su experiencia, como la de miles de mexicanas fue de la violencia obstétrica, entendida por el maltrato verbal o físico, intimidación e incluso omisión de cuidados  –durante el embarazo y parto–, cuyas consecuencias pueden ser de daño psicológico, físico e incluso de malapráctica médica, resultando en la muerte del bebé o de la madre.

La doctora Gabriela Vega, ginecóloga experta en embarazos de alto riesgo admite que no se dan abasto en el sistema de salud pública y esto contribuye al problema

“Es muy sabido que el personal médico como de enfermería somos insuficientes para la cantidad de población que tenemos” explica, “deberíamos de ver máximo 18 pacientes, y estamos viendo hasta 26 o más, los especialistas y baja la calidad de la consulta porque no puedes ver en 15 minutos todos los antecedentes, preguntar qué es lo que está pasando, explicar y que la paciente aparte pueda resolver sus dudas”.

Esa es también la experiencia del doctor Jesús Eduardo Cárdenas, director de la clínica 7 del Seguro Social, especializada en cuidado materno infantil en Tijuana, donde cada mes se atienden 4 mil 500 partos

Lleva 25 años trabajando aquí y sabe de carencias: desde entonces se siguen usando las mismas camas para las pacientes.

Explica el proceso de parto normal así, “primero si llega una mujer con un trabajo de parto, no tiene complicaciones pero tiene un trabajo de parto inicial, lo que nosotros denominamos afectivas hasta los 4 cm. la paciente siempre y cuando no tenga ninguna complicación deberá deambular cerca del hospital, cuando ya tiene 5 cm. se indicará su ingreso al servicio de la labor, en donde tras cumplir los siguientes 5 cm, a los 10 cm. pasa a la sala expulsión donde son atendidas, si no tiene complicaciones, después se pasa al servicio puerperio inmediato y durante 4 horas son valoradas, si no hay ninguna complicación la suben a piso y en un lapso de 8 horas si se considera un puerperio de bajo riesgo es egresada a su domicilio”.

Aún con falta de recursos humanos y de todo tipo, el doctor intenta mejorar el servicio.

Está por implementar un sistema de clases grupales para embarazadas donde se les de información más detallada que en la consulta.

A su criterio, un equipo de perinatología (dedicada al tercer trimestre de embarazo y el parto) sería de gran ayuda, como también que fuera sea más eficiente el sistema de expedientes electrónicos.

“Por que el expediente electronico no ha sido adoptado totalmente por todas las unidades, muchas veces se da alta a la paciente con una necesidad y no se va con la información necesaria o se va sin la información luego llega con su médico sin saber que tiene…”

La meta es “entra mamá con niño adentro y yo quiero entregar un niño afuera con una mamá sana, ambos sanos, que sería el proceso final.”

Ni en su lenguaje ni prioridades está erradicar la violencia obstétrica.

La enfermera  Aida Aguiar, con 30 años en el sistema de salud y ahora coordinadora de la carrera de enfermería en la Ibero Tijuana, explica que en su opinión, hay políticas de estado que si responden a condiciones de poder.

“No quiero hablar de machismo, de feminismo, ni de mucho menos, pero si de condiciones de poder” agrega, “las mujeres son las que reciben esa violencia en el momento del parto, sin embargo quien la genera no la percibe eso es lo curioso, es parte de la forma del quehacer diario, de conducirse diario, y ese es un gran trabajo que hay que hacer”.

Además de ignorados, los casos de violencia son poco denunciados, como cuenta el visitador de la PDH en TIjuana, Francisco Carrillo.

“Hay muchas circunstancias, a veces los familiares ya no prosiguen porque les da pena, porque se sienten mal; la mayoría de las veces se sienten mal porque no tiene caso si ya perdieron a su bebé ¿Qué me gano con hacerlo?” explica Carrillo.

Lo cierto es que las propias mujeres buscan una alternativa que mejore la experiencia de parir, por esto se ha incrementado el acudir a parteras y dulas quienes abogan por el parto respetado.

Una Dula, como explica Luz Palacios atiende el nacimiento, “acompaña emocionalmente a la madre, conoce que esta esperando que quiere para ella, para su familia, para el bebé”.

Dula de profesión, Palacios considera que un parto respetado es conocer los deseos de la mamá, las necesidades de la mujer, que pueden incluir muchas cosas que el entorno hospitalario no sólo no promueve, sino que no se permiten.

“Un parto es un evento natural, fisiológico y sin riesgo, cuando la mama esta en chequeos regulares, con su control prenatal, siempre en punto, con buena alimentación y no vivimos un riesgo, pues hay que dejarla en su casa, que mejor que las mamás cuando la vez preparando la cama donde va a nacer su hijo”, según la experiencia de Palacios, es ahí donde “… el cuerpo se afloja, saber que las personas que estan a su alrededor la aceptan y la respetan, que ellas puede hacer lo que sea que tiene que hacer gemir, sudar, gritar, llorar, defecar no importa, pero que pueda soltarse. “

Son estas mujeres ajenas al sistema de salud tradicional quienes piden un cambio radical. Georgina Lepe, enfermera y partera desde hace 37 años aconseja un empoderamiento individual.

Lepe, que tiene un centro de acompañamiento materno aboga por que las mujeres no se victimicen ni dejen que las “pobreteen”. Al contrario, que hagan ejercicio, que coman durante la labor de parto y que se informen, para poder defenderse.

“Hay que concientizar a la mujer es el primer punto que defendería o propondría para que realmente el médico actúe o no actúe, porque nadie te hace lo que no quieres que te hagan, y todos te van a tratar como tu dejes que te traten”.    

Pero si la violencia es sistémica, también lo debe ser la solución, según explica Aguiar citando experiencias en otros países.

“En España tengo entendido, –hay varios países europeos– que los partos de bajo riesgo los manejan enfermeras parteras o parteras exclusivamente, hay carrera universitaria para partera, todos los partos que conllevan un riesgo mayor que pase al siguiente nivel de riesgo por alguna complicación, esos partos los atienden los médicos gineco obstetra”.

Esta experiencia ha resultado en “que en esos países los porcentajes de cesáreas han disminuido demasiado y la satisfacción de las mujeres se transforma”.

Palacios cree que la verdadera solución debe incluir el sistema de salud pública, ya que actualmente son pocas las mexicanas que podrían pagar el servicio de acompañamiento de dula.

Hace un llamado a las autoridades de salud diciendo “Más dulas señores, ok, como médico, como institución pública, no tienes esta capacidad, hay que contratar dulas, vamos a contratar mujeres que no tienen que preocuparse por la presión arterial, por la canalización intravenosa, que no tienen que preocuparse con los riesgos médicos, estan simplemente para apoyar a las mujeres”.

Palacios conoce las experiencias de la ciudad de México, donde esto ya esta sucediendo.

“Hay hospitales en el D.F. que ya lo están implementando, esta Gonzalez tiene un programa ya bastante añejo tendrá 4, 5 años donde incluyeron dula y remodelaron un área para permitir que las mujeres tengan libre deambulación”.

Incluso el Dr. Cárdenas admite la ventaja de un mejor acompañamiento.

“Los resultados no son de los mejores y por cuestiones no se si sociales o políticas, las parteras se han ido alejando, sin embargo yo no dejo de reconocer que las parteras empíricas que ya no son empíricas, sino enfermeras especializadas son de gran impacto en la salud nos ayudarian mucho”, dice el médico.

Pero quizás el llamado más sentido a un cambio sea de las propias madres, madres como Mónica que asegura que sus experiencias de parto fueron una pesadilla.

“Entiendo que tienen muchas personas, entiendo que tienen poco personal entiendo que a lo mejor ese personal está cansado de vivir lo mismo, todas las mujeres y se quejan y se quejan y gritan y entonces de alguna manera, se deshumanizan” cuenta.

“Pero….. es una frialdad: no estés gritando no estés llorando y para uno, que es su primera experiencia, o es una experiencia muy íntima, aunque tengas 20 chamacos, es una experiencia muy íntima y te cortan eso.”

Publicado originalmente en Milenio Baja California el 10/03/04

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